Re-Conocerse: El después del cáncer de mama

Las primeras horas después de recibir la noticia de que tu madre tiene cáncer de mama son de incredulidad. Te lo confirman, asientes con la cabeza y vuelves a tu vida normal como si nada ocurriese. Después de horas, empiezas a entender qué está pasando.

Mi madre es superviviente del cáncer de mama. Su forma de asimilar la enfermedad desde el principio fue la clave de su proceso de superación. Ella es la protagonista de su vida y decidió convertirla en película. Ninguna excusa sirvió para quedarse en casa, ni el cáncer, ni la quimioterapia, ni las defensas de cristal, sino razones para salir y disfrutar del tiempo.

Pocos proyectos se centran en el qué hay después del cáncer, en qué consecuencias ha tenido la enfermedad. Los cambios físicos se conocen en la mayoría de casos, pero los procesos emocionales y sociales por los que se pasa durante todo el proceso, pocas veces se comparten.

Mi madre ahora tiene el pelo rizado, toma una pastilla cada mañana que le provoca calambres repentinos y todavía no le ha salido el pelo suficiente en las cejas. Además, le falta un pecho. El físico durante el cáncer cambia, pero una vez superado, se recupera. Las experiencias perviven, cuesta olvidarlas sin son traumáticas y la mente recurre a ellas en momentos de debilidad. Contra esto, mi madre decidió hacer todas aquellas actividades que mientras trabajaba no tenía tiempo de cumplir. Asistía a cursos de historia del arte, fortaleció y recuperó amistades, encontró en la piscina su momento de relajación e, incluso, ha encontrado trabajo.

No hay espacio para la negatividad alrededor de mi madre. Durante la quimioterapia, pasamos más horas de lo normal en el hospital. Tenía alergia a uno de los medicamentos. Aun así, siempre iba acompañada de una sonrisa. Decidió que la gente negativa y que inspira tristeza no le contribuían nada bueno, y se distanció de todo aquel que no aportara un rayo de sol en su día a día.

Cada año, casi 30.000 mujeres padecen esta enfermedad en España, y cada día, la desinformación en la red sobre el tema es mayor. Noticias falsas y rumores corren como la pólvora y proponen desde dietas imposibles hasta vidas ruinosas. Acudir a fuentes fiables es lo primero que hizo mi madre, a asociaciones estatales, revistas médicas y estudios de investigación. Todo esto fue clave en su salud mental.

La historia de superación de mi madre es una entre miles. No es ni mejor ni peor, es la suya. La historia de cómo darle la vuelta a una enfermedad, de cómo plantarse delante de ella y ser tú la protagonista. De aprovechar la vida, descubrir y de experimentar un proceso personal para conocerse a sí misma. De aprender a empezar a vivir con la perspectiva del presente, disfrutar del día a día, vivirlo y valorarlo. En definitiva, de re-conocerse.

 

El después del cáncer

Café con leche
Cuando anuncias que te han detectado cáncer de mama, la respuesta es inmediata. Mensajes, llamadas, visitas y muchos cafés con leche. Mi madre, “gracias” al cáncer de mama ha recuperado amistades, fortalecido otras muchas e, incluso, ha encontrado trabajo.
El arte de disfrutar del día a día
Horas y horas en el hospital; días, semanas, con náuseas, debilidad, dolor, y pérdida de cualquier ambición. Pero mi madre salió de casa. Por mucho que le doliesen los huesos, o que apenas pudiese andar más de media hora sin agotarse. Salió y redescubrió el arte. Se perdió entre las miradas de los retratos y las pinceladas que contaban historias diferentes a la suya. Encontró en el arte su vía de escape.
Mariposa
Mi madre no nada a mariposa, pero se siente una de ellas cuando nada. Libre, sobrevolando el mundo. Después de la operación, no tardó mucho en volver al agua. Es su lugar de refugio, y donde sigue perdiéndose.
La melena
El día que mi madre cogió al toro por los cuernos para ir a que le rapasen el pelo al cero fue cuando me di cuenta de lo fuerte que era. Aguantó con la peluca hasta primavera, pero los pañuelos le daban color a su día a día. Ahora tiene el pelo rizado y alborotado. No para de quejarse. Pero no sabe que está preciosa.
Polvos mágicos
Mi madre nunca se había maquillado tanto. Gracias a estos “polvos mágicos” se veía guapa y le hacía sentir bien. Cogía la fortaleza mental suficiente (e importantísima) para sobrellevar el cáncer.
La ironía de la vida
Mi madre es periodista y escribió uno de los primeros reportajes de España sobre el ‘tamoxifeno’. Cada mañana toma una de estas pequeñas pastillas. La ironía de la vida.
La cicatriz
Da impresión. No nos engañemos. Es la consecuencia física más evidente. Rompe con la simetría de tu cuerpo. Recuerdo el día de la operación como una absoluta locura, pero era el principio del fin.

 

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