Historias y luz de Budapest

DECADENCIA

La atracción del ser humano por la recolección de historias es innegable, y muchas veces, detrás de estas antigüedades, la cara que queda visible es la de la decadencia. Budapest es esto, decadencia con un toque de romanticismo. Es pasear por sus calle, echar la mirada hacia arriba e imaginar las historias que ocurrieron un siglo atrás en los preciosos, pero descuidados, edificios neoclásicos que recorren la ciudad. Budapest es la prueba evidente de lo que ocurre cuando un pueblo pasa de mano en mano, de ansia de poder en ansia de poder. Un pueblo sometido durante años a la sucesión de emperadores y tiranos que recuerda que la libertad es uno de los bienes más preciados.

LA CORRIENTE DEL DANUBIO

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Como una ametralladora, los vendedores de tours y autobuses descapotables lanzan su palabrería para dejar KO al combatiente y dejar que caiga en sus brazos, abrumado por el desconocimiento de “cómo seré capaz de disfrutar de las vistas del gran Danubio Azul en Budapest si según este señor que acabo de conocer no hay otro método que su maravilloso barco”. A muchos, la fuerte corriente del Danubio les ha llevado a caer en sus remolinos y sentir la brisa de un viaje que les ha costado de 20 a 30€ por cabeza. Otros, supervivientes durante años de las continuas trampas y redes del turismo de masa, toman el barco público de Budapest (las líneas D-11 y D-12). Su precio varía dependiendo del billete que tengas: un sencillo cuesta aproximadamente 1,50€, un billete de grupo de 24h, unos 11€ hasta cinco personas, y puedes utilizar cualquier medio de trasnporte público. Así que, rema a contracorriente siempre.

LAS RUINAS DE LA RECONSTRUCCIÓN

 

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Como un diario con las palabras más selectas, cada objeto de los bares de ruinas cuentan el día a día de la supervivencia. El barrio judío de Budapest, que luce orgulloso la segunda sinagoga más grande del mundo (después de la de Nueva York), quedó prácticamente destruido después de la Segunda Guerra Mundial. Los nazis entraron en la ciudad en 1944 y lo redujeron a un par de manzanas, hacinando a aproximadamente 70.000 judíos en el gueto. El resto de habitantes hebreos (130.000) fueron enviados a campos de concentración. Así, la historia sentenció a Hungría a la dominación soviética, hasta que en 1989 se proclamó la República.

La reconstrucción del barrio judío avanzó paulatinamente, pero fue a principios de los años 2000 cuando el bar Szimpla Kert marcó el resurgir del distrito. En 2002, convirtieron una antigua fábrica a punto de ser demolida en un cine-pub utilizando todos los muebles y objetos que pudieron encontrar. La primera sensación es la de entrar en un bar cuyo dueño sufre de Síndrome de Diógenes, pero después entiendes que es todo un método de supervivencia, de rejuvenecimiento de un barrio condenado a las ruinas. Con los bares de ruinas se ha conseguido repoblar el barrio y convertirlo en el centro neurálgico de la fiesta más variopinta de la ciudad. Y es que, a través de muebles ruinosos, consiguieron levantar todo un barrio que fue condenado a masacres, enfermedades, hambre y ruinas.

 

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